“1956” DAVID FEDERICO PALACIOS

On 2 noviembre, 2009 by investigacion
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…Chicas atractivas que escriben algo atraen las miradas de inmediato. Todo el mundo muriéndose por saber que estará escribiendo. Se te paran veinte alrededor si te pones a mirar fijo al vacío. Meter las narices en el asunto. Las mujeres también. Curiosidad. Estatua de sal.
James Joyce.

Parto de la idea de tomar conciencia de mi situación histórica, a pesar de mi incapacidad o quizás terquedad de renunciar al presente continuo o más bien continuamente pensar las estructuras en un medio de tecnologías de dominación cada vez más sofisticadas recurriendo a temporalidades de pliegues menos ajustados, que en otros términos pienso es tener plena conciencia de la “postmodernidad” en la que me veo situado.

La continua sensación de irrealidad que provoca caminar por lugares familiares, ya no tan familiares. Las huellas del pasado, el aura de sus ruinas, permanente recuerdo de un pasado aniquilado y la sospecha ante la permanencia de sus residuos que no podría dejar de verse simbólicamente como una violenta jerarquización del grupo dominante.

El ejemplo más claro lo veo en las orillas del malecón 2000, donde yacen los restos del antiguo malecón. Estos no dejan de mostrarse como una objetividad con una realidad propia, una esencia que no pasa desapercibida, por continuar a la intemperie en un gesto nada inocente, contrapuesta al modelo del progreso.

La interpretación liberal de la técnica descansa en que el hombre tiene aún en sus manos la dirección del progreso técnico y ve en éste, la posibilidad de la libertad subjetiva; posibilidad de darle un sentido a la historia, pues de suyo carece de sentido. Ya que el actor teleológico de la sociedad solo actúa de manera objetiva, dramatizada ante un sistema normativo dirigido a un fin común y de expectativas por un comportamiento determinado homogeneizante, a pesar de siempre mantenerse en pie la idea de emancipación, que debería ser el target de los actores culturales.

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Tomo como referente inmediato en una propuesta inicial de obra, a minimalistas como Donald Judd. Apropiándome de las antiguas estructuras del malecón y puliéndolas sin alterar en lo posible su forma original, únicamente con el propósito de facilitar el encaje de las distintas piezas para que formen un bloque estable, a manera de juegos que basan su metodología en la construcción.

Esta instalación pretende reflejar, de la misma manera que Judd, la contingencia de la cosa y un claro posicionamiento personal en torno a reflexiones de corte postestructuralista y teniendo muy en cuenta las teorías de Derridá.

La decisión de apropiarme de estos elementos, parte de una reflexión, una epojé. Un intento de llegar a una conciencia plena de la esencia de estos, es decir, entender el porqué de su permanencia, sustitución o destrucción. De alguna manera detectar o en este caso no más que intuir las lógicas del poder detrás de ese hacer y deshacer.

Recurro a una “arqueología”, desde un punto de vista foucaultiano, de tratar de llegar al qué, quién y por qué se decidió tal cosa y no las otras posibles.

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El recurrir a este “pastiche” minimalista, no tiene otro fin más que tratar de vulnerar cualquiera de los vértices de la retícula con el fin de hacer vibrar el subject que suspenda los intertextos y dar cuenta de los acontecimientos detrás de la presentación para llegar a atisbar lo tácito, mediante la intertextualidad que se genera al apropiarme de un discurso dado, creando ese nuevo sentido cuya ironía se ve reflejada en la forma de ensamblaje de las piezas similar a la Jenga ( dejar caer en swahili).

Esta forma de ensamblaje de las piezas representan de algún modo la tensión y suspenso de las relaciones entre la historia y el discurso de una narrativa de las estructuras simbólicas construidas por el poder, piezas separadas que llaman a ser movidas, invitan a “dejar caer” una estructura arbitraria e intencionalmente levantada por tal o cual requerimiento discursivo.

La acción comunicativa, la interacción por medio de símbolos debe buscar su lugar. Existir un contrapunto a la institución instrumental normativa burocratizadora, para contrarrestar la represión y canalización de tendencias agresivas que resultan disfuncionales para la propia conservación de la sociedad.

Organizar al poder a fin de reprimir dichas tendencias agresivas, articular y satisfacer nuestras necesidades. Esta articulación y satisfacción de las necesidades se cumplen mediante la tradición cultural. En este sentido, los valores culturales interpretan las necesidades humanas mucho más ampliamente de lo necesario para la propia conservación (mediante una cultura crítica).

“Si es a través de la imaginación que hoy el capitalismo disciplina y controla a los ciudadanos contemporáneos, sobre todo usando los medios de comunicación, es también la imaginación la facultad a través de la cual emergen nuevos patrones colectivos de disenso, de desafección y cuestionamiento de los patrones impuestos a la vida cotidiana.” (Labov, Rubin, Kennedy y Davis).

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La necesidad del lenguaje en la sociedad transformada en el capitalismo tardío es imperante. Es necesario un lugar trascendental en que el hablante y el oyente se salen al encuentro planteándose esas pretensiones de validez; es el horizonte de convicciones comunes en el que se da la acción comunicativa. En definitiva el entendimiento busca un acuerdo que termine en la comprensión mutua del saber compartido, de la confianza recíproca y de la concordancia de unos con otros. Una persona ha de hacer entender, decir algo, generar conocimiento, hacerlo con credibilidad y respetando normas comunicativas vigentes, ya que la socialización es condición de la identidad.

Frente a la idea de que lo inconsciente es lo oculto del mensaje, podemos darnos cuenta de por qué este tipo de manifestaciones agresivas son toleradas. La sociedad no está consciente de las tecnologías del poder, por ende pasar a estar anatomizados por un sistema que maneja la vida misma en objeto administrable, mediante métodos de disciplinamiento y castigo por individuos que tienen un poder sobre el actor social, y despojan de toda autonomía a este para convertirlo en mero objeto.

Vivimos una era imaginaria, en la que lo real es lo vulnerado o apretado por el biopoder en el nudo Borromeo. Creando así una desestabilización psíquica de vivir de metáforas, cerrando la presentación del lenguaje, normativizando y generando entes anatomopolitizados prestos a ceder a los hábitus pensados de manera meticulosa, a tal punto que no es requerido dar una orden.

Mediante el habla es preciso el reconocimiento de que la verdad de un texto puede no estar en lo que un intérprete autorizado dice sobre él, es urgente generar disenso. Pinchar el ojo de manera que los cautivos puedan al menos estirar las piernas.

Cuando al modelo de progreso se confronta lo anterior, se produce un binarismo, jerarquías ocultas. Se perciben códigos maestros, imposiciones de relatos arbitrarios que se evidencian en los discursos y en el caso particular de mi propuesta, en la torpeza o cinismo (torpeza ante sujetos, cinismo como característica del poder) de no deshacerse de las evidencias del maltrato simbólico.

Es posible relacionar esta con muchos aspectos relevantes de las teorías. Pero el más sugerente, a mi parecer serían las teorías en torno a la construcción de nación. El bloque, es una solución formal que parte de la nueva escultura, quizás por este motivo me lleva a conectarlo a una de las construcciones simbólicas más fuertes como es el del estado nacional. El espacio nacional está constituido, en su perspectiva, de inclinaciones humanas que compiten entre sí.

“Generar otros espacios de significado e, inevitablemente, en el proceso político, produciendo sitios desguarnecidos de antagonismo político y fuerzas impredecibles para la representación política, la desconstrucción de las oposiciones jerárquicas que gobiernan y hacen posible nuestro pensamiento.”

Lo nacional es “ese curioso dominio híbrido donde los intereses privados asumen significación pública”. Los estados nación, representan una significación incompleta, en tanto que son proyectos nuevos creados arbitrariamente a partir de ejercicios del poder. En las ficciones fundacionales, la horizontalidad hacia tradiciones e identidad es ambivalente, se defiende un día y se rechaza de plano al otro. Esto revela un carácter de incompleto de estas construcciones, con bases endebles que fácilmente pueden ser desestabilizadas.

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Las culturas se construyen constantemente, resignifican de acuerdo a creatividades distintas, en un contexto de luchas, en coyunturas políticas específicas, (“…Yo creo que estamos en el momento de un desafío a la imaginación” (Echeverría).

En mi propuesta, pienso se da una diferancia, ya que esta no ha dejado de producir significados en el proceso de escribir este pequeño ensayo. Veo el potencial que esta tiene, generada a raíz de una serie de cuestionamientos propios, con los cuales he tratado de crear una pieza que de algún modo genere ese lenguaje de símbolos que contrarreste las instituciones normativas y genere un cambio, por muy mínimo que este sea en los o algún actor social.

Por: David Federico Palacios

 

 

 

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