Bajo el cielo de los fraudes del siglo… Por Lupe Álvarez

On 22 mayo, 2015 by investigacion

Hace ya rato que tejo muchas sospechas en relación con el modelo Bienal. Okwui Enwezor, curador de esta, la 56 edición de la Bienal de Venecia señala, como muchos otros ya lo han hecho, la sustitución de ese modelo por el más influyente de la feria, algo muy sintomático del sesgo que el mundo del arte ha tomado en sus versiones macropolíticas.

El modelo Bienal está en precario, entre otras cosas, porque hoy se muestran con mayor nitidez, las falacias de sus compromisos deliberantes, en una sociedad cada vez más rendida ante los poderes ciegos del capital; esos que subrepticiamente se colocan en forma de los Egos lúcidos de curadores y actores del artworld que, al mismo tiempo, reconocen y participan de la juerga. No hay mayor evidencia de esto que declaraciones del propio Enwezor donde algo compungido, pero sin pudor, afirma que su Bienal opta por el arte como critica social en lugar de mercancia, añadiendo, a renglón seguido, que “la gente se entretiene con la crítica al capitalismo”[1].

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Isaac Julien ‘DAS KAPITAL Oratorio’, Central Pavilion 2015. Photo: Andrea Avezzù / la Biennale di Venezia. Obtenida de http://www.spectator.co.uk/arts/arts-feature/9526862/the-56th-venice-biennale-dead-trees-old-clothes-and-bad-agitprop/

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Por si esto fuera poco, son cuestionables, desde muchos puntos de vista, las vocaciones ecuménicas de ese tipo de estructura y sobre todo, las ficciones aventuradas que crea para nutrir los imaginarios de un supuesto estado del arte.

En el caso específico de esta edición 56, previo incluso al show, algunas cosas me fueron particularmente relevantes y no precisamente en sentido positivo. Primero, el enunciado curatorial. El título, Todos los futuros del mundo, a pesar de las subsecuentes modulaciones del discurso, me pareció bastante pretencioso, apegado a los diagnósticos en un tiempo de representaciones imposibles. No es descabellado hablar de brechas y tensiones entre culturas, de agitaciones, pero, ¿un panorama de la situación en un escenario tan complejo y reticente a cualquier noción de totalidad como el del arte?

Luego escucho, reiteradamente, que el mismo Okwui Enwezor, curador jefe, escoge, personalmente, a cada uno de los artistas que participa en la gran exposición del foro. Me dio la impresión a estas alturas, de un ejercicio de ojo-mundo que marcha a contrapelo de esas agitaciones focalizadas que su propio concepto pondera, amén de las nuevas narrativas fraccionarias y situadas, que azotan el mundo destacando su deterritorialización con la pérdida de los sentidos de espacio que caracterizaron a la modernidad.

En otro orden, hay apuntes precisos sobre la decrepitud de las iniciativas “estatales” pugnando por asentarse con muy poco sentido crítico, en los llamados pabellones nacionales.

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Las asignaciones de lugar siempre son problemáticas; implican formas solapadas de exclusión y regímenes prestablecidos de visibilidad. Las expectativas simbólicas que tales lugares acarrean, lejos de amplificar y potenciar lecturas, casi siempre cancelan y constriñen las posibles experiencias perceptivas que permiten, a las audiencias, afirmar, pero también cuestionar y suspender significaciones. De paso, y no tanto…, han sido excelentemente capitalizadas por la fundación que arbitra, al decir de algunos, el plató más antiguo y “prestigioso” del mundo.

Estas grandes vitrinas mundiales del arte, los Pabellones Nacionales, además de asentarse bajo la idea de nación, y de hacerlo sin cuestionar las implicaciones caducas del orden que esa representación presupone, tampoco bocetan una cartografía política regida por la equidad. Más bien, señalan los lugares diferenciados que los contextos del arte tienen en las cadenas mundiales de valor. Su presencia, suele, en la mayoría de los casos, constatar el poder del capital y el uso simbólico que se hace de él.

Las denuncias acerca del fraude del PRIMER PABELLON DE ECUADOR EN BIENAL DE VENECIA como fuera calificado por una prensa entusiasta y poco crítica, no es la excepción que confirma la regla[2]. En esta Bienal, a pesar de la propaganda celebratoria, de la relevancia de muchas participaciones y de muestras que merecería la pena ver, los escándalos acerca de la compra de espacios o de la manipulación de los mismos bajo las miradas irresponsables de todos los que deberían velar por la dimensión simbólica y ética de un evento artístico, han sonado muy alto. Kenia, Guatemala y otros, han posicionado este proceder escandaloso en las redes sociales y muchos medios han asumido el debate con excelentes contribuciones.

Hablando del patio ¿Puede la gestión privada de una artista pactando de modo dudoso con entidades de estado, catapultarse a un escenario de este calibre? ¿Hasta dónde se pone en evidencia la poca importancia que se le ha dado a la cultura en nuestros países cuando se permite una reclamación de este orden: “La novedad que presenta el ECUADOR EN LA BIENAL DE VENECIA, es presentar al gran mundo su PRIMER PABELLÓN, por iniciatica e impulso propio de la artista con el importante  apoyo de la empresa privada, ESTE HECHO CONSTITUYE UNA PRIMICIA, UN HITO EN LA HISTORIA DE LA CULTURA DE LAS ARTES PLASTICAS DEL ECUADOR, dado que en más de cien años de vida de este evento, ningún artista ecuatoriano, ni lo ha intentado siquiera.” [3]

Los mecanismos son los que todos conocemos, sólo las hechologías tienen matices contextuales y se aderezan con las fuerzas reactivas que cada espacio moviliza. Estos revolús que se han formado con el tema de los pabellones fraudulentos, sirven para blanquear algunas cosas y para airear unos cuantas razones que, a partir de iniciativas movilizadoras, ayuden a que la prensa, las audiencias y contextos ampliados de discusión, tengan más claridad a la hora de entender los mecanismos que construyen valor en el arte…“El mundo nos está viendo”

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También las instituciones oficiales sentirán mayor presión para instituir protocolos claros cuando se trate de apoyos o respaldos a lo que lleva el nombre del país y que, a partir de su aval, lo representan.

El debate aquí ha sido prolijo y demuestra el poder del intercambio vivo de las redes. De hecho, la prensa recapituló en su enfoque. Lo que apunta María Rosa Rosa Jijón, artista ecuatoriana que reside en Italia, en una nota de prensa, es crucial: “cuando se habla de representaciones nacionales, citas con el arte contemporáneo y de fondos públicos, tiene que haber un protocolo de trabajo que sea transparente, accesible a todos”. Para ello, dice, “debe existir una metodología clara de selección”. [4]

Esto es de elemental respeto, pero lamentablemente, parece no estar muy claro. No basta tampoco que existan, sino que se difundan y socialicen de manera adecuada estos protocolos. Sólo así se crea infraestructura y público informado y en mejores condiciones para apreciar y catalizar con sus propias herramientas, los potenciales críticos y simbólicos que el arte de hoy tiene.

Han circulado muchos comentarios y la cuestión ha tomado un giro relevante. Que una artista, León o cualquiera, diga sin empacho “Lo que puede o no hacer el Estado, yo no me detengo, yo hago y punto”, pero usa el nombre del estado, que las representaciones diplomáticas oficiales no le den importancia y vayan nomás a inaugurar, como ha sido comprobado; que esto tampoco haya sido cuestionado por un evento artístico de larga data y pedigrí mundial como la Bienal de Venecia, habla de muchas irregularidades y de falencias escandalosas a todo nivel. Enhorabuena que de esto se hable y que sintamos todxs la necesidad de exigir mayor transparencia.

El mundo artístico debe pronunciarse con toda la contundencia que el tema amerita, puesto que en medio de las catástrofes que el propio Enwezor señala, no hay nada más patético que el tono grandilocuente y celebratorio que muchos de nuestros países declaman cuando respaldan sus pabellones. Ello resulta tan obsceno como el daño que causa a esa ciudad, la afluencia turística indiscriminada y voraz, que cada edición bienalera atrae. Lo peor es que todo se da, muchas veces, bajo el manto curatorial de tópicos cobijados por una ecología política.

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Kunstaktivistene er på plass i Venezia. Her collagen What Does an Elitist Event Like the Venice Biennale Has To Do with Karl Marx? av The Biennalist (Thierrey Geoffrey/Colonel). Obtenido de  http://www.kunstkritikk.no/kommentar/politikk-og-penger/

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“La Bienal se ha convertido en una fiesta secuestrada por los ricos, donde el resto juega un rol secundario”, asevera en el Diario de España, Juan José Santos Mateo[5]

Si la Documenta 11, también de Okwui, fue por algunos definida como un “nuevo documentalismo”, por usar excesivamente los displays en los llegan a nosotros los conflictos de esa bestia de siglo, como Mandelstam[6] llamara a la pasada centuria, esta, su otra gran puesta, queda, al parecer, pobremente identificada con la orquestación festiva de esos temas, sin resonancia alguna; con la selección de algunos buenos artistas y una que otra muestra digna de ser visitada…

¿Todos los futuros del mundo?

La cruda tesis de Marx sobre la ingente necesidad de un cambio estructural en las relaciones sociales, que haga estallar el orden que se reproduce en todas las formas de existencia, se expone en la fiesta del arte como lo que hoy es: una letanía inaudible y desatendida. 

Con estos truenos, no hay mayor sarcasmo que ese recordatorio presente en la lectura del Capital que figura en la gran exposición. 

Me imagino, que si algunos de los protagonistas reales de esos conflictos, presenciaran el sainete, pudiera martillarles la cabeza ese verso del gran poeta ruso: “nuestras palabras no se escuchan a diez pasos”[7]

Sin embargo, resulta potente que la discusión en nuestros países se haya desplazado desde las obras y sus contenidos, hacia los regímenes simbólicos y las praxis sociales que estas críticas exponen. Por ahí hallaría el soplo de vida para las aseveraciones marxianas, brechtianas y benjaminianas que reclamaron el examen de las relaciones de producción por sobre los contenidos de las obras.

Los gérmenes de las revoluciones moleculares, esas que ponen el dedo en los fundamentos de las estructuras sociales, parece que por ahí, entre nosotros, los más infieles, cosechan…

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Lupe Álvarez

En Guayaquil, con el cuerpo y la mente desordenados… a los 21 días de mayo del 2015.

 

 

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Nota: Puede ser que invadida de esa agitación… haya escrito como Nietzsche en su máquina increíble: con muchos errores. Espero disculpen.

[1] http://www.dw.de/encuentro-con-okwui-enwezor/av-18441631

[2] La prensa cultural en Ecuador, en general, sigue pensando que el dato representa, que la presencia legitima, que las cifras convencen, que los nombres bastan, que las estructuras son transparentes y que el arte es un tema de estar en..; de obras cuya existencia y visibilidad ya las avala. Que quien suena es porque valor trae.

[3] Extraído de una carta enviada por la representante de la artista León al Ministerio de Cultura. Fuente fidedigna, pero no revelada.

[4] El Telégrafo: El primer pabellón de Ecuador en la Bienal de Venecia genera dudas en http://www.telegrafo.com.ec/cultura1/item/el-primer-pabellon-de-ecuador-en-la-bienal-de-venecia-genera-dudas.html

[5] Eldiario.es: Ceguera en la Bienal de la ciudad del ojo en http://www.eldiario.es/cultura/arte/Ceguera-bienal-ciudad-ojo_0_387062101.html

[6] Osip Mandelshtám. Epigrama contra Stalin.(1934)

[7] Ibídem.

 

 

https://www.gkillcity.com/articulos/chongo-cultural/las-aguas-turbias-la-biennale

 

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