Exposición. DE CABO A RABO

On 13 abril, 2015 by investigacion

11070148_882204521837474_7145035762555428722_o

SONY DSC

SONY DSC

 *

 

DSC00998

DSC00972

DSC01394

DSC01396

DSC01401

DSC01408 DSC01422

DSC01483

DSC01516

DSC01524

DSC01535

DSC01554

 

Los Iluminados
Tyrone Luna
Fotografía (12 de 60×90 cm)
2015
*

SONY DSC

 

Clarividentes
Leonardo Moyano
Pintura acrílica (24 de 30×30 cm)
2015
*

SONY DSC

 

La susodicha de Washington y Oriente
Andrés Velásquez
Registro fotográfico
2015
*

SONY DSC

SONY DSC

SONY DSC

En las rocas
Andrés Velásquez
Conjunto escultórico (5 piedras intervenidas)
2015
*

SONY DSC

Descartes
Juan Carlos Vargas
Impresiones en acetato (30 de 15 x 10 cm)
2015

 

 

Loop
Juan Carlos Vargas
Video instalación (12 s)
2015
*

 

De Cabo a Rabo

“¡Qué inútil es estar sentado escribiendo, cuando uno no se ha levantado para vivir!”, sentenció Henry David Thoreau, uno de los padres de la desobediencia civil y viajero por excelencia; un claro llamado de atención para quienes hacen de las bibliotecas refugios únicos del conocimiento. En ese contexto, no hay que desconfiar de los monstruos, mitos y leyendas que aparecen por fuera de las referencias de los textos: salir de allí, cruzar la calle y adentrarse a pie por los caminos “bibliográficos” de la ciudad sin índice puede resultar una aventura de dispersión y desorientación geográfica. Parafraseando a Benjamin, hasta para perderse hay que tener estilo.

En medio de un entorno poco amigable con las caminatas, la ciudad esconde muy sigilosamente, un conjunto de claves, signos y mensajes codificados. Un sistema que suele abrir sus contraseñas a los errantes facinerosos y a vagabundos, pero también a los artistas que escudriñan en sus pliegues. Estos artistas se han tomado por asalto la ciudad para alterar el ecosistema de sus habitantes, para hacer de la urbe el escenario perfecto donde inscribir propuestas artísticas muy personales.

Desde la segunda mitad del siglo XX hasta la actualidad, algunos artistas hicieron de la acción de caminar la ciudad, el epicentro del gesto creativo. En este camino encontramos a Tyrone Luna, Juan Carlos Vargas, Andrés Velásquez y Leonardo Moyano, jóvenes artistas procedentes del ITAE que agrupados bajo el singular seudónimo de los Chivox, nos presentan su primera muestra colectiva denominada De cabo a rabo, frase popular que se define como “de principio a fin”.

La muestra de los Chivox se plantea como el punto de confluencia de metodologías creativas que parten de dos vertientes fundamentales: aquella que supone el desplazamiento entre varios puntos de la ciudad, movilizados por la necesidad de acudir al lugar preciso donde la obra se esconde, a la espera del señalamiento oportuno del artista. Bajo esta premisa encontramos a Tyrone, quien después de haber observado cantidades de carros en aparente estado de abandono, regresa en las noches para iluminarlos y fotografiarlos en un intento por devolverles el esplendor de sus mejores tiempos.

Andrés por su lado, le arrebata a la ciudad un par de piedras de esas que, luego de alguna remoción de tierra, ya no tuvieron lugar para volver a ingresar a lo profundo y quedan para siempre al pie de alguna casa; estableciendo nexos sentimentales con el vecindario que la conserva, ya sea como asiento o como testimonio y memoria de alguna vieja construcción. Andrés hurga en ese vínculo, sacando de la piedra una típica casa esquinera.

En una segunda vertiente se encuentra la obra de Moyano y Vargas. El primero explora la historia y la memoria personal, evocada por las sensaciones que despiertan las imágenes encontradas durante el acto de andar, Moyano exagera cuando ubica una torre de guardianía al mismo nivel de las nubes, aquí la torre siempre es la misma; lo que cambia son las nubes. La imagen altera e invierte los puntos de vista, trocando roles de vigilancia en contemplación.

Finalmente Vargas, un artista que merodea por la ciudad con cámara en mano, a su paso va encontrando abandonadas propiedades donde escenifica gestos sutiles. En esta ocasión, el loop representado en el rodar de una llanta juega un rol fundamental en la escena, las ambiguas y repetidas entradas y salidas de la llanta del cuadro rompen con el círculo vicioso del Loop.

Al final del camino, podríamos afirmar que estos cuatro jóvenes artistas encarnan la figura del vagabundo; ensimismados pero alertas a todo lo que se pueda cruzarse en su camino. Verdaderos sujetos de una experiencia de contemplación a la deriva. 

PD/

Existe una piedra que no pudo estar presente en esta exposición. A continuación expongo, a través de la anécdota, las razones de su ausencia:

…La piedra, que a simple vista parecía no tener dueño, alarmó a todo un barrio cuando detectaron la intención de llevársela por el grupo de artistas. Frente a la negativa de los habitantes, se intentó negociar con algunos de los supuestos dueños, pero uno de estos adujo que la piedra no se mueve de ahí porque tiene casi 60 años acompañando y siendo testigo mudo del recambio generacional de sus moradores, mientras otro gritaba desde un balcón que su precio podría ser de 500 dólares… Límites espaciales de lo cotidiano que se vuelven visibles cuando son violados.  

René Ponce. 

Curador, 2015

http://www.riorevuelto.net/2015/04/de-cabo-rabo-nominimo-guayaquil.html

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Abrir la barra de herramientas