Exposición. Brasil 2014 de Rene Ponce

On 14 julio, 2014 by investigacion

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S/T

180 cm. X 180 cm.

Pintura acrílica sobre lienzo.

 

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S/T

Objeto

8 mapas laminados en color oro presentados en estuche de joyería.

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S/T

Instalación

32 bloques pintados como banderas, y apilados de dos en dos hasta formar una torre de 100 cm. aproximadamente. Las banderas ahí pintadas son la representación también de los 32 paises participantes del Mundial Brasil 2014.

 

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S/t

Instalación escultórica y sonora

11 reproducciones en resina de jugadores cantando el himno sobre un pedestal de de 100 cm. de alto con base de 15 cm. X 200 cm. Del pedestal se reproduce un audio que contiene 32 himnos de distintas naciones, en este caso específico los himnos de los países participantes del Mundial Brasil 2014.

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S/T

Video instalación.

Tv sobre pedestal, se reproduce en video el momento en que Roberto Baggio erró el penal ante Brasil en la final del Mundial Estados Unidos 94, sobre el tv una pelota.

Luego de la Primera Guerra Mundial, el fútbol se convertiría en la panacea universal. La organización de un campeonato que convoque al mundo haría que la humanidad, entre patadas y goles, olvidara los traumas que le dejó la contienda bélica.  España, Holanda, Hungría, Italia y Suecia fueron las primeras entusiastas en poner a disposición del mundo sus canchas, pero los aires de guerra en los 5,50 se mantenían vivos. Estaba claro: la primera Copa del Mundo se iba a Uruguay, al otro lado del charco, detalle que cargó de razones a la inmensa mayoría de naciones europeas a no repetir una travesía similar a la de Colón. Francia, Yugoslavia, Rumania, y Bélgica fueron las únicas atrevidas del viejo continente en hacerse a la mar durante 14 días y 14 noches. Brasil y Argentina se les unirían en la recta final del viaje. Chile, México, Bolivia, Perú, Estados Unidos, Paraguay y el anfitrión aguardaban en la cancha.

“¡Uruguay 1930 a la vista!” gritaban desde el mar. Por fin la “Tierra Prometida” se dejaba ver. Los países hicieron turismo, reconocieron la cancha, jugaron al fútbol, Uruguay se coronó como el primer campeón del mundo y la copa se quedaba en casa. Lo demás es la historia rodando hacia Brasil 2014.

 Treinta y un países abandonaron sus terruños para movilizarse a ese renovado y ampliado espacio movedizo, cambiante, excitante y prodigioso que comienza a ser Brasil 2014. Aquí, los países clasificados y el mundo viven un intenso trance fantasmático con el espacio que abandonan, que recorren, que ansían, que llegan o al que pronto volverán.

 Los cuerpos (Messi, Ronaldo, Neymar, Benzema, etc.) se vuelven territorios de memoria e identidad mutante. Las banderas, que ahora son camisetas, llevan impresas, más que un número, sensaciones corporizadas de la nación a la que representan y juraron el oro; los himnos, melodías que acompañan al cuerpo en el no lugar de un mundial de futbol.

Durante los días de la fiesta, el mundo, ante la mirada de la mayoría, parecería ser un lugar donde los problemas, incluso existenciales, se superan. El delirio territorial que experimenta el fanático viajero se problematiza aún más cuando este va encontrando a su paso un mundo convertido en aeropuertos, terminales, buses, barcos, aviones, estadios, etc. Finalmente no es a Brasil a donde queremos llegar: es al Mundial, que cada cuatro años se presenta más grande que el Mundo.

René Ponce G.    

 

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