Proyecto de graduación_ Me encanta, me encanta todo eso!!! (Gabriela Chérrez)

On 9 julio, 2010 by investigacion

Reforma Curricular
Autoría compartida con Jimmy Mendoza
6 paneles de 30 x 45 cms cada uno
2010

Cine Fénix
Mural de teselas vítreas
400 x 200 cms
2010

Aquel viejo motel
Esmalte de uñas sobre MDF
190 x 145 cms
2010 (versión original del 2006)

La potencialidad rebelde del in situ

Por Rodolfo Kronfle Chambers (curador de la muestra)
Guayaquil, junio del 2010
La década reciente ha dejado claro que no existe un arte feminista, sino más bien una arena discursiva atravesada por múltiples “feminismos”, un coro de voces si se quiere, cada una caracterizada por las sintonías culturales particulares con su lugar de origen. Esta nueva etapa transnacional del feminismo se contrasta, en la teoría y en la práctica, con el feminismo monocultural que adquirió hegemonía al ser emanado inicialmente por mujeres blancas de clase media del primer mundo, y que la mayor de las veces no respondía de manera efectiva a otras realidades contextuales, a la situación de otros grupos étnicos, raciales, económicos, socioculturales, etc.
Un ejemplo de esos “otros” feminismos se presenta en el trabajo de Gabriela Chérrez, no por que la artista se identifique o se conecte con agendas feministas de manera directa, sino porque sus obras poseen la facultad subyacente de levantar reflexiones en torno a problemáticas feministas o de género.
En un nivel que podríamos llamar “entre líneas” existe en el trabajo de Chérrez una postura crítica que se presenta en la reiterada alusión que hay en su producción hacia lo local: la artista incorpora, como elemento de diferencia, una serie de referencias que remiten al contexto que van a contrastar ante una discursividad de carácter global y que van a retar la naturalización de sus metaenunciados.
Para su muestra titulada Me encanta, me encanta todo eso!!! prescinde de los azulejos que le ganaron notoriedad y que reproducían, empleando esmalte de uñas, un extenso repertorio de cómics sexistas que de manera paroxística enarbolan las fantasía del macho latinoamericano, subvirtiendo sus sentidos al ser reinterpretados desde su perspectiva femenina. Su presencia se invoca sin embargo en una obra de grandes dimensiones que, a manera de simulacro, reproduce en similar material el icónico exterior del Cine Fénix (2010), añejo teatro porno cuya fachada recubierta de azulejos de baño fue alterada cuando la regeneración urbana pasó por el sector. El sencillo diseño reticular que recubría la pared del teatro se reinterpreta ahora en escala mural y bien pudiera -a nivel de conexiones artehistóricas- remitirnos a los mosaicos y frescos del período romano cuyas imágenes reproducen con naturalidad y apertura una eroticidad condenada hoy en día por códigos de decoro y control social.
La pervivencia de un cínico clima de condena a la exhuberancia libidinal al interior de una sociedad a todas luces descompuesta da cuenta de la doble moral que determina nuestras relaciones. Algo de esto se concentra en la pieza de audio Invocaciones (2008), una metralleta sónica que dispara como municiones un sin fin de gritos y gemidos de placer extraídos de películas triple equis que insistentemente invocan a la divinidad suprema en los reiterados “Oh my God!”, los cuales parecen señalar el clímax espiritual inmerso en el gozo carnal.
La pintura Aquel viejo motel (2006) -que reproducía, también en esmalte de uñas, la escena de un crimen pasional aparecida en un diario amarillista- ya anticipaba en la práctica de Chérrez la activación, en la elección de sus temas y recursos, de resortes sensacionalistas, a la vez que prefiguraba su predilección por una serie de imaginarios que remitan a la estética popular del entorno.
Aquellas características se mantienen claramente en su más reciente serie titulada Reforma Curricular (2010), fruto de una largamente postergada colaboración con Jimmy Mendoza, genuino artista outsider de la escena guayaquileña. Se trata de un conjunto de fotografías tomadas por unawebcam que muestran a la artista ataviada en diversos uniformes colegiales y posando con contenida sensualidad. El ejercicio a partir de aquello permite generar provocativas asociaciones como la de la fantasía sexual con una chica de secundaria, pero que en este caso adquiere el carácter de un señalamiento a conductas eminentemente guayaquileñas al emplear “disfraces” que corresponden a icónicos institutos educativos de la ciudad: el 28 de Mayo, el Dolores Sucre y el Rita Lecumberri, entre otros. Las fotos irradian cierta ambigüedad que va del autorretrato visto en la pantalla de la artista a la imagen sobre la cual se proyecta el deseo en la computadora de destino, es decir del gesto de representarse y mostrarse desde un lado, a la delectación voyeur desde el otro. Cada instantánea se acompaña de unas líneas de la lúbrica poesía de Mendoza pero en estilizada taquigrafía, ese arte de escritura rápida que se imparte a las púberes señoritas en nuestras secundarias como anunciando su predestinación a tareas secretariales.

El mensaje queda velado en esos signos y abreviaturas, el morbo las convierte en un tipo de chateo que lejos de ser lingua franca esboza indescifrables emoticones: no sabemos que se recita en la lírica de Mendoza, aunque imaginamos, dado su lascivo prontuario, los desbordes de sus palabras sobre esta encarnación de la artista como la pelada, la jeva o el culito. La obra ejemplifica la fascinación que hay en el arte contemporáneo por las formas anacrónicas, datadas y análogas (en el uso de la taquigrafía), a la vez que incorpora sus acentos en los matices de lo propio, inclusive en las reminiscencias de los ritos de cortejo de antaño, como aquellas veneradas fotografías de doncellas inscritas con versos románticos que fueran populares a comienzos del siglo pasado.
Lo que la obra de Chérrez enfatiza en sus versiones de lo femenino es entonces –adaptando la observaciones de Nelly Richard sobre el paisaje latinoamericano- las “disconexiones violentas entro lo global y lo local [que] testimonian la potencialidad rebelde del in situ que no se resigna a la conversión uniforme de los signos a un solo sistema de traslación hegemónica del valor cultural.”[1]
La muestra, por contraste, nos remite a un marcado sentido de lugar e identidad, desnudando inclusive a una ciudad cuyo salón de arte más emblemático le ha dedicado a esta artista una cláusula en sus bases, al rechazar las propuestas “que presenten lenguaje y/o gráficos sexuales explícitos”. En este contexto de oscurantismo, de impulsos retrógradas, de moralina e impostura ideológica obras como la de Chérrez amplifican su cariz político y se convierten en una necesidad.
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[1] Nelly Richard, “Lo local y lo global: Hibridez y traducción interculturales”, en Integración y resistencia en la era global, Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, La Habana, 2009, p.30.

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