PROYECTO PARQUE. PUBLICIDAD Y MEMORIA: maneras de conversar con un barrio

On 13 marzo, 2015 by investigacion
Proyecto de Cátedra de Gestión de Proyectos dirigida por Tatiana Ugalde
Integrantes: Luis Andaluz, Alexa Brito, Mónica López, David Moncayo, Lily Munive, Dayana Parrales y Luis Ramírez 

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La memoria urbana es muy distinta a la historia urbana. Es una memoria débil fragmentada y particularizada debido a diferentes factores. Los sujetos portadores de esta memoria son individuos o grupos, es decir individuales o colectivos y estas pueden ser familiares o genealógicas, barriales, generacionales. El campo de lo memorable abarca desde la memoria de los orígenes, hasta los acontecimientos más variados del pasado, acontecimientos imaginarios que forman parte de lo fantástico[1]. Buscando llegar a estos recuerdos fragmentados que se han difuminado por el pasar de los años, nos encontramos en un sector del centro-sur de la cuidad en el cual, casi milagrosamente, han sobrevivido a los procesos de regeneración urbana varios anuncios publicitarios de marcas de gaseosas, zapatos y artículos de hogar en las paredes de algunos de los edificios más grandes del sector. En el contraste que existe entre las imágenes erosionadas por el paso del tiempo y los modernos semáforos y señalética propia de la metrovía cabe el preguntarnos por qué la supervivencia de las mismas; y es allí precisamente cuando nos encontramos con una puerta bastante inusual al recuerdo colectivo del barrio. Es precisamente con el pretexto de estas imágenes que se empieza a acceder y a tejer estas otras capas de sentidos que se encuentran por debajo del sentido pre-meditado de una imagen publicitaria

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Coca Cola

García Moreno entre Francisco de Marcos y Letamendi

La imagen publicitaria le resulta indiferente a la mayoría que la observa, pero otros no pueden evitar pensar en lo que ha acontecido alrededor de la imagen durante todo el tiempo, y deteniéndose trae recuerdos de momentos instantáneos de los convenios que se hacían con los propietarios del edificios, quienes deseaban tener publicidades en sus casas. Las emociones que surgen a partir de esta imagen se dividen entre la resistencia y la indiferencia, pero a pesar de lo aparentemente desinteresados que puedan ser los habitantes ante una imagen desgastada la presencia de una publicidad de tales dimensiones puede provocar en un sector rural más movimiento, comercialización y delincuencia. Los habitantes comentan con desdén sobre el aspecto empobrecido de la imagen en la fachada del edificio, pero los recuerdos no se desgastan, no importa cuánto tiempo pase , algunas cosas no se pueden situar en el olvido.

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KIT

García Moreno entre Francisco de Marcos y Letamendi

En el verano de 1925 las personas que transitaban descalzas por las calles de Guayaquil no eran solo una preocupación para el intendente Guerrero, eran criminales, y la única forma en que se podía evitar la pena de ir a la cárcel era consiguiendo zapatos. ¿Pero con qué dinero? Para solucionar este problema surgen marcas como KIT, las cuales ofrecían un calzado cómodo y económico para las masas populares.

Como recordatorio de este tiempo luce en una de las calles del barrio Capwell una pintura antigua y desgastada, un icono del lugar. En esta se lee “KIT”. Los moradores reconocen que esta y otras publicidades se han convertido en puntos de referencia en la zona pero con el paso de los años se han vuelto retratos a destiempo. Adrián Fierro, quien lleva once años viviendo en el vecindario y tres trabajando en el campo de la publicidad, nos comenta que las publicidades en pared y lona son anticuadas y lo que va más acorde en el presente son las luces de neón, pero no se ven muchas en los alrededores. Los signos de la regeneración urbana son visibles, pero los avisos publicitarios persisten en las paredes como fantasmas de otra época.

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Pepsi

Francisco de Marcos entre Av. Quito y Av. Machala

Dicen que aquellos estímulos que se repiten constantemente tienden a asimilarse en las personas y eventualmente terminan por pasar desapercibidos, lo cual es el caso de la desvencijada publicidad de Pepsi de la calle Francisco de Marcos entre Av. Quito y Machala que con el paso del tiempo se ha convertido en un elemento más del paisaje urbano por el que se desplazan las miradas de la gente que viven 10, 20, 30 años en el sector. La botella reposa en el concreto como un forastero que no termina de ganarse la confianza de los lugareños. –lleva unos treinta años ahí- dice Galo; está seguro de que pertenece a una transnacional pero nos confiesa que le da igual. Esta no es la opinión de Patricio que manifiesta con enojo –La cola Pepsi es un veneno-. Ya comienza a acrecentarse el sonido de las bocinas y en la calle se forma una hilera de vehículos; un par de miradas se detiene en la botella antes de volver a sus hogares.

Un transeúnte nos indica sus deseos de que pasaran una capa de pintura sobre esta, se lamenta que no sea un icono local el que sirva de referente para el barrio. Sin embargo el edificio de la Pepsi cola se convirtió en un referente direccional, como un punto de encuentro para niños y jóvenes que se reunían, jugando, conversando y viendo la primera televisión del barrio, y salir a diferentes partes de la ciudad, “los niños preguntaban a los maestros en andamios si no tenían miedo de caer” dice la Sra. Mónica.

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Tropical

Francisco de Marcos entre Av. Machala y José de Antepara

La imagen que se conserva con el paso del tiempo ha generado transformaciones alrededor de esta, el edificio, la fachada, “Tantos que ya se han ido, que ya se han muerto, ya no son los mismos amigos de antes.” Amadoro Cornejo pasa con un carrito cargado de frutas y se detiene un momento para mirar la botella estampada en la pared y nos comenta disgustado -Le da una mala imagen al barrio, deberían quitarla-. Luego recuerda que en el interior de aquel edificio habitaba un señor de 90 años con el que solía mantener conversaciones -Ahora solo paso de largo-agrega antes de seguir su camino. Una imagen puede despuntar recuerdos de seres queridos, la publicidad de TROPICAL ubicada en las calles, Francisco de Marcos y Antepara, pertenece a la familia Alvarado, el dueño del inmueble, falleció y sus tres hijas aun viven allí. Cada vez que veo esa imagen recuerdo mi tienda de abarrotes y a mi madre cuando era joven, la imagen que tiene la Tropical le da presencia al barrio, dice la Sra. María Esther – mientras que a otro personaje le recordó a su padre que venía de la marina trayendo una botella de tropical en la mano para acompañar el almuerzo, como la propaganda nacional del producto.

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Zapatos-pycca

Letamendi entre Los Ríos y Esmeraldas

Para que una publicidad trascienda su propósito y se inmiscuya en la mente de las personas al punto de convertirse en un elemento más del entorno debe entregarse al movimiento de los relojes, el colgado y descolgado de los calendarios, el paso de la fascinación por la novedad y el recuerdo de lo que es hasta llegar a la indiferencia y el olvido. En la intersección de la calle Letamendi y la avenida del Ejército se descubre la imagen de unos zapatos promocionados por Pycca. El señor Galo recuerda que en los tiempos de la prohibición del municipio por la gente descalza a estos zapatos se les llamaba 7 vidas. Calcula que la imagen tiene 30 años, y a pesar de que la considera más como un punto estratégico de la zona que como una publicidad, le agrada que sea una marca nacional y no una extranjera. El resto de entrevistados tiene poco que comentar, algunos ni se habían percatado de esta, tal es el paso del tiempo.
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[1] Memorias Relatos e Identidades Urbanas. De Gilberto Giménez.

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