EXPOSICIÓN. Scarbo: Asuntos sobre el desvelo

On 14 junio, 2013 by investigacion

 

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…no se ve impunemente en las  tinieblas, no se extrae de ello enseñanza sin peligro [1]

 Sentimos miedo ante la amenaza de lo catastrófico. Lo perjudicial de la catástrofe es temible en su acercarse, y mientras esto ocurre su carácter amenazante se hace cada vez más visible. Si lo perjudicial está cada vez más cerca significa que la catástrofe puede ocurrir, o quizás no. Si la catástrofe no ocurre esta pasa de largo sin afectarnos. Una vez que el miedo ha pasado, entramos en un estadio de reencuentro con la lucidez. Ante esta ausencia de miedo, imaginamos nuevas catástrofes, que a su vez vuelven a acercarse amenazantes para así volver a experimentar el miedo. Es un proceso circular en donde se atrae lo perjudicial como también se lo deja ir.  Insistentemente regresamos al estadio del miedo porque disfrutamos del extravío y el desconcierto que nos provoca. Al miedo lo utilizamos como una excusa para seguir viviendo. 

A pesar de la posibilidad que tenemos de conocer nuevas catástrofes hemos aprendido a mantenernos satisfechos con una única amenaza. Al presentarse lo perjudicial hay dos posibilidades: 1. Quedarnos paralizados envueltos completamente al éxtasis del miedo; 2. Huir. En la primera puede darse el caso de lo fatal, como también puede pasar de largo. Mientras que en la segunda la única derivación de huir, es mantenerse sujeto a ese mismo miedo eternamente. Al huir no experimentamos a cabalidad el miedo y perdemos también, la posibilidad de acceder a aquel estadio de reencuentro con la lucidez que surge una vez la amenaza pasa de largo.

De este síntoma proviene Scarbo. Frente a una generación que abrió nuevos espacios de significación y circulación del arte mediante el arrojo hacia el miedo, vemos otra que no se plantea nuevas amenazas. La escena artística guayaquileña huye de la misma amenaza sin dejarla pasar: el riesgo de carecer de sentido. Los mismos mecanismos semánticos se tornan repetitivos en favor de un aval. Si bien ha habido una cierta aversión hacia problemáticas de contexto y esta ha sido una forma genuina de reelaboración del miedo, las más jóvenes generaciones de artistas hemos asimilado esto sin cuidado alguno. Así, vemos un uso generalizado de la lógica binaria donde un material X adopta las características de un material Y, o algún elemento de un contexto B se lo lleva al A. Esta posición no debe entenderse como la del outsider, sino como un constatar en uno los síntomas. Las obras que presentamos aquí no están libres de aquellos síntomas. No presentamos tampoco ninguna receta homeopática. Es la exhibición final después de un largo proceso de vigilia a nuestros modos de producción, a nuestras obras. Una posición sobre todo autocrítica.

De este modo iniciamos un texto híbrido donde cada quien aportaría con su escritura. Y en un intento por salir de planteamientos explicativos, escribiríamos no sobre nuestras obras, sino sobre el desvelo. Si antes hablábamos de un transcurso circular donde el miedo da paso al estadio lúcido, solo para regresar nuevamente al miedo, el desvelo es paradójico puesto que logra juntar tanto el estadio de lucidez como aquel otro de angustia y amenaza que es el no dormir. Ante tan desafortunada o beneficiosa situación nuestras respuestas fueron tan variadas como caóticas. El desvelo se convirtió en una metáfora del arte. Nos librábamos así de los viejos y espesos statements, del contenido latente. De estos hallazgos da cuenta la narración.

De Scarbo, un duende que aparece recurrentemente en la poesía de Aloysius Bertrand, sacamos quizá su romanticismo, pero más que nada fue su ánimo de jugar con la oscuridad y las sombras. De éste modo, dentro del carácter cada vez más participativo que iba teniendo, el proceso mismo dirigió el texto hacia un cuento. Una narración donde cada uno se transfigura y “habla” desde la boca de un personaje. Los ademanes de la ficción desecharon certezas y a la vez evidenciaron ideologías.

Es así como en este trabajo colaborativo nos reencontramos con nuestros propios intereses. Dejando claro, no obstante, que más allá de pretensiones literarias, el cuento nos sirvió como una herramienta para pensar el arte desde otro discurso. Después de todo, la sospecha de Cioran de que haya una alianza entre lucidez y goce[2] se torna inútil en quien opta por huir.   

 

Pablo Andino



[1] Cioran, E. (s.f.). Invocación al insomnio.

[2] Cioran, E., ibid.

 

 

 

 
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ÚLTIMA THULE 
Ana Vázquez 
Documentación de performance 
2012  
 
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ÚLTIMA THULE (DE COMO NACEN LOS FANTASMAS) 
Ana Vázquez
Documentación de performance 
30 Fotografías, 90×50 
2013  

 

 

Capítulo I

 

El Fantasma

El abandono del bosque era lo que le fascinaba. Era un lugar desconocido y olvidado, una sombra proyectada por la nada y por nadie. Un territorio cuyas fronteras no estaban escritas, y precisamente por ser desconocidas, las posibilidades de su reescritura eran ilimitadas, infinitas. El fantasma vagaba por este lugar en busca de su periferia sabiendo que nunca la encontraría.  Era extraño, pero siempre parecía hallarse en el mismo lugar del que había partido.

Deambulando por el bosque, a unos metros de donde estaba, alcanzó a divisar un muerto. Junto al cadáver se hallaba un pequeña sombra que escarbaba en su pecho, que pocos minutos después se alejó corriendo. Al ver ese cuerpo inerte en el suelo, dudo un segundo; la antesala del tormento. La presencia del muerto hacía que los límites de su ser estén obligados a explorar la razón de su muerte, a ser siervos de las circunstancias por las que ese cuerpo se encontraba ahora en ese suelo, sin vida. Huyó, consternado.

 “¿Dónde habita la vida sin el suceso de la muerte?”- se preguntaba el fantasma. No lograba recordar. Pensaba que de la misma forma en que no recuerda cómo murió, tampoco recordaba cómo nació. Ni el principio, ni el fin. Así, el fantasma empezaría a delirar; quería estar sólo de nuevo, completamente sólo “Quiero estar sólo sin mí, sin mi cuerpo”. Extrañaba su bosque vacío. Intentaba escarbar en detalles, recordar cómo había muerto para que alguna pista le lleve a entender la presencia del cadáver; quería saber qué tenía que hacer para por fin poder descansar.

 “Ya no conozco las líneas, se van desdibujando. Estafo a la muerte, estafo el sueño, ¿qué es esto? La apuesta de un desvelo es la tenue posibilidad de abrazar una noche todas las estrellas ¿pero ante todo, valdría la pena?” Su desesperación por una respuesta crecía con el tiempo. Presentía dentro de sí que el descanso estaba lejos sin saber que a unos pocos metros, junto al mismo muerto, la respuesta a su tormento estaba escrito en un frágil papel.

 
 
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La nada más allá del milagro 
Pablo Andino C-Print.
40 x 60 cm Mosca,
dardo y charco de leche en casa
2012 

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Mamá
Pablo Andino
C-Print 110 x 73 cm
Cráneo de vaca sobre charco de leche en bosque quemado
2012
 
 
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Capítulo II

El Muerto

En ese mismo bosque, se hallaba un muerto. Tendido cómodamente en el húmedo suelo, pensaba en aquella, su carta de suicidio. Hace un tiempo atrás esta había significado una despedida, un adiós en tono de pretexto para sentir lo inimaginable, la muerte. Su cuerpo ya no era el mismo, el tiempo lo había estropeado, los hongos crecían y las moscas no hacían falta. Y sin embargo empezó a escuchar un pequeño susurro. Había perdido la visión pero esto no le impedía sentir, estaba seguro que alguien se aproximaba.

Sintió que alguien comenzó a tantear sus moscas. Jugaba con ellas. Le era molesto. Le incomodaba que esta pequeña criatura estuviera husmeando por su cuerpo en descomposición, era incapaz de detenerlo. Poco a poco el pequeño ser, temblando y con el dedo índice empezó a hurgar en el torso del cadáver, sumergiéndolo cada vez más hasta llegar a la garganta.  El muerto pensó enseguida en la carta.

Aquel pequeño balbuceo la encontró:

“Esta carta no va dirigida a nadie más que a mí. Porque soy yo que quiero convertirme en putrefacción. Quiero que mis tripas me escuchen, que lean cada palabra, porque éste papel lleva cargada la ilusión de morir. Quiero que sean mis palabras las que me dejen sin aliento, sin respiro. Que se ubiquen allí, donde las entrañas suspiran, soplan, respiran. Quiero que mis tripas me respondan si la belleza está en la muerte, en lo finito, allí en el límite en la búsqueda de las fronteras. Las moscas tan asombrosas.  Porque merezco la felicidad. Merezco la asombrosa experiencia de la muerte”

El balbuceo insistía directo en su oído. Sonaba como las respuestas a su carta. Cuando se prestaba a responder, el balbuceo terminó abruptamente, y escucho unos pasos que se iban alejando. Sintió alivio, el ruido se había marchado. Y sin embargo casi como una autoinmolación, escuchaba a lo lejos un eco de lamentos que venía de los adentros del bosque. Aquel muerto, a pesar de su situación exánime compareció a sí mismo, sabía que no podría descansar en paz. 

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LA METÁFORA DEL INSECTO
Cinthia Arias
Esfera de espuma foam y fósforos
2011
 

 

 Capítulo III

El Niño

Para ser un niño, vivía una cierta oscuridad un poco innata, en donde su misterio no sería más que – a pesar de su carácter oscuro- un tanto encantador. Le encantaba habitar el bosque y sus misterios. Estaba fascinado con sus símbolos, con las líneas, los espirales y los círculos, con los juegos de palabras que inventaba de los mismos. Le atrajo de este sagrado lugar la neutralidad de los colores, recordaba escuchar en algún eco que el blanco es el único color que no estorba y eso lo cautivo.

“Las formas se repiten de manera permanente en la naturaleza, en ojos de huracanes, en conchas de nautilus, en el sol, y en cada cosa compuesta por una secuencia de puntos.” Se repetía a sí mismo, constantemente. Caminó. Horas sin dormir, días sin descanso. No le importaba, siguió.

Generalmente, el instinto te llama a descansar, a entrar en parálisis obligatoria, pero en el caso del niño ese mismo instinto lo llamaba a buscar los orígenes de su ser, y cuando vio ese cuerpo sin vida tendido en el suelo, llegó su oportunidad de hurgar, rindiéndose ante el insomnio, forzado como un animal salvaje, temblando y sin preparación.  “El insomnio tiene eso: Destroza tu cuerpo y te infla el ego. Magnifica y empequeñece”. Le susurraba el niño al oído.  Colocó su mano dentro de ese cadáver porque quería encontrar algo, quería encontrar su origen, y qué mejor manera que buscar el origen que en el mismo fin, palpándolo. 

Se adentró más, lo podía sentir tan cerca, hasta que verdaderamente podía tocarlo, un pequeño papel, que tal vez le explicaría por qué estaba aquí ese cadáver. El niño empezó abrir el papel que se alojaba en la garganta del muerto, pero un sonido extraño lo interrumpió y pensó que tal vez este papel podía significar algo más, algo más allá de su alcance… corrió. Corrió en cualquier dirección, empezó a sentirse desubicado y delirante, chocándose con una gran puerta de madera. Tocó la puerta esperando que alguien lo escuchara, pero nadie podría abrirle. 

 


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PERMANENCIA DE LOS ARBOLES 
Diana Gardeneira
Montaje de diversos tipos de madera sobre madera 
2012 
 

Capítulo IV

El Refugio

Más adentro del bosque había un refugio, un lugar hermoso, una estancia donde sentarse se volvía el placer más grande. Pero en este inmortal lugar, no había ni un alma, estaba cerrado ya hacia un par de décadas; esto le causo desarrollar una propia consciencia, ya que las cosas hechas por el hombre sin el hombre pierden  su razón de ser. ¿Qué tan paradójico resulta que la inutilidad lo volvió consiente?

El refugio sabe que está deshabitado de personas vivas, de personas reales. No podía más que ensimismarse con objetos aglomerados en sus esquinas. Sin embargo, había uno en específico, un desnudo recostado contra la pared, que le interrumpía. Dentro de sí sobrevivía al tedio gracias a su obsesión por el detalle, por las formas, por los colores, por la acumulación de cosas dejadas en el olvido a su alrededor. Pasaba el tiempo inquieto, buscando y rebuscando en lo cotidiano. Veía con detenimiento formas y colores similares y los reinventaba; creando mundos nuevos, montando los mismos escenarios muchas veces desde distintas perspectivas, oscilando entre lo familiar de esos objetos y lo extraño, lo anómalo que acababan resultando todas esas piezas en conjunto.

Precisamente en este punto es que se encontraba odiando al desnudo. Cuando el refugio rebuscaba en su espacio y se topaba con él, no podía más que deplorarlo. Su peculiaridad le era intolerable. La reconstrucción de sus mundos fallaba con su presencia, porque el desnudo tenía vida propia; él se reinventaba a sí mismo, él sólo era un mundo, individual y separado, imposible de poner en un conjunto, y así le era imposible terminar de crear los universos de su mente.

Es por esto que no encontraba descanso, y aún así se negaba a evidenciar su incomodidad diciendo algo. Librarían entonces una cordial guerra; tácita, en donde el refugio no podía terminar de reconstruir sus mundos, y donde nadie sabe si el desnudo sabía lo que ocurría. En todo su tiempo de “vida”, nunca más fue visitado después de que fue dejado abandonado. Pero un día vio interrumpida sus meditaciones cuando un golpe resonante comenzó a retumbar en la puerta. De cierto modo lo lleno de alivio pensar que al llegar alguien él podría volver a dormitar, aunque ¿quién podría abrir su puerta?.

 


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HELLO WORLD! 
Luchamp.org 
Documentación de online performance 
2012 

 

Capítulo V

El Desnudo

 Lo que llamaba su atención en este lugar era lo que no pasaba desapercibido; aquello que para el refugio era una aberración por no ser parte de un todo, para el desnudo legitimaba otra instancia en esa realidad; poseía características propias e independientes de aquello que ha sido antes. El desnudo era destacable. Tenía complejo de persona más no lo era, y veía todo desde una perspectiva hedonista. Vivía en un refugio abandonado, cuya presencia persistente y lúcida le intrigaba, le invitaba a permanecer en vigilia. Él lo consideraba un ambiente propicio para la locura, por su abandono y el claustro que le permitía divagar sin interrupciones. De ahí nace su curiosidad por el desvelo; quería experimentar con sus límites, para poder poner a prueba su corporeidad, que no poseía. El desnudo hablaba de los placeres que sólo una persona con cuerpo podría experimentar, algo con lo que tan sólo podía soñar.

Veía en el desvelo un reino donde gobernaban sus pensamientos, aquellos que no dejan que su cuerpo descanse con el resto y que quizás, con un poco de suerte, llegaría a destruirse, por ende a renacer. “Por eso permanezco en vigilia. En el desvelo hallo la destrucción de mi cuerpo, de mí mismo, lo que finalmente me convierte en un nuevo creador; de figuras independientes a su pasado, completamente extrañas y desconocidas.”  Los primeros síntomas del desvelo se empezaron a notar.

Quería mostrar esta extrañeza, exhibir su completa destrucción y nacimiento en un ser que sería irreconocible al anterior y compartirla al mundo, ver sus rostros, concernirse.  “Se trata de mí, del puro y esencial yo, la desnudez más cruda y aberrante jamás expuesta a la realidad, imposible de diluir, imposible de tolerar” deliraba en su insomnio. Seguido de esto se escuchó un fuerte golpe en la puerta. Pensaron que la puerta iba a ceder, que se iba a caer. La realidad ya no les pertenecía.

Se quedaron en silencio, esperando que algo pase.

 

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audio

 SIN TÍTULO
 Juan Carlos Castro 
 Instalación, caja de madera, vidrio, bocinas y audio
2013 

Capítulo VI

El murmullo: Scarbo

Scarbo, la sombra; Podía verlo todo, pero nadie podía verlo a él. Como un dios, omnipresente, o bien un demonio. Su mera conciencia se basaba en la existencia de los demás; estaba en todas partes, pero para existir, sabía que necesitaba ser percibido.

Por ser un murmullo, vivía a través de las demás criaturas. Penetraba las profundidades del bosque; el murmullo puede y no puede decir nada. Recrea todo lo aquí sucedido, las meditaciones, las luchas, los problemas y demás tormentos de los otros seres del bosque. Vivía entre ellos. Era las frecuencias imperceptibles de la tierra, ajeno para los habitantes del bosque. Envidiaba que todos eran individuos mientras él era un sonido más. Soñaba ponerse en evidencia, ser sentido. Quería estremecer al bosque con su presencia, ser el motivo de su
desvelo.

Ese era su mayor suplicio pero ignoraba que los demás no necesitaban otro motivo para no dormir.

 
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REMEMBRANZA EN 23 PLIEGUES O COMO SUPERAR TUS MIEDOS
Cinthia Arias           
Pluma sobre lado crudo del lienzo
2013       

 

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CALACA
Cinthia Arias 
Pluma sobre lienzo 
2012    
 
  
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SALÓN OLVIDADO
 Ana Vázquez 
Intervención sobre puerta con ojo mágico 
2013 

 

 

CATALOGO SCARBO 


Fiesta de Cierre SCARBO 
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